
RELATOS QUE CONTINUAN
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OTRA OPORTUNIDAD

Miguel dice que tiene una vida envidiable: un buen trabajo, un lindo departamento, hijos que se preocupan por él. Cuando llega a su casa, se saca el traje y abre la heladera esperando que, por milagro, aparezca una comida decente, no le parece que todo marche tan bien. Está harto de cocinar para uno. ¿Cuándo será para dos? O, mejor, ¿cuándo le cocinarán? Miguel busca una pareja que no se parezca a la madre de sus hijos, siempre tan demandante. Su ex era la Madona de las ollas.
Ya intentó con unas cuantas citas a ciegas, pues siempre hay alguien que tiene "la mina perfecta para vos". Se puso la camisa a cuadros, el Levis, los zapatos náuticos, un poco de perfume y partió expectante; pero después de un café, volvió al departamento, revoleó los zapatos y los pantalones, prendió el televisor, hizo zapping y llamó a la pizzería.
Mejor me las arreglo solo. Revisa el Facebook de sus conocidos. "Alguno debe tener a alguien potable con quien contactarme." Con solo ver una foto, Miguel infiere si esa persona es apta o no para entablar una relación. Esta es rubia, debe ser muy fina. Aquella es gorda, seguramente no se cuida. Usa biquini, se desespera con las dietas. Es demasiado linda, es demasiado baja. Esta sí, aquella no; una mirada basta para dar la sentencia. Por esa razón no sube ni una sola imagen suya a las redes sociales; no quiere que lo encasillen por lo que podrían pensar.
Finalmente se decide por una, se contacta, se encuentra, se despide y vuelta a empezar. Llega a la conclusión de que seleccionar alguien de ese modo es como elegir un par de zapatos sin probar porque brillan en el estante; pero cuando los probas, sentís que estas adentro de un mortero. Deja una decepción como ir a compartir un café con alguien que puso una foto de su fiesta de quince.
Otra vez en su departamento, ya sin el traje, mientras mira un partido de futbol y recibe las empanadas que encargó, no deja de pensar en que el mercado está lleno de mujeres y que seguramente conocerá alguien diez años más joven que él, o veinte, que van a cenar juntos todas las noches, que con el tiempo van a convivir que a todos les va a caer bien y que sus amigos lo envidiarán por la suerte que tuvo.
Deja sus datos en una página de internet. Por lo menos ya sé que las que están ahí buscan lo mismo que yo.
Casting en marcha. Miguel se presenta.
Soy ingeniero, tengo 58 años, aunque aparento menos, dos hijos grandes, independientes. Conservo mi pelo y estoy en forma. Me gusta ir a la cancha o ver una buena película en casa acompañado de una bella mujer.
Quisiera encontrar a alguien que le guste cocinar y tenga tiempo para dedicarme, que no deba salir corriendo por los hijos, que su situación económica este resuelta y dispuesta a salir de la ciudad los fines de semana. No importa si no le gusta el fútbol.
El pelo largo me puede. Acariciar el cabello de una mujer mientras vemos un partido de River es la mejor previa antes de ir a la cama.
Disfruto despertar juntos, abrazados, por eso no quiero relacionarme con nadie que tenga que volver a su casa temprano o que no esté libre un domingo o un feriado.
Si te interesa conocerme, escribime e incluí una foto de cuerpo entero. No creo ser muy exigente.
La respuesta no llega. Se dice mientras se mira al espejo tratando de esconder la panza que los cuatro abdominales matutinos no eliminan y evitando mirarse la frente, donde las entradas anuncian que eso de conservar el pelo no es por mucho tiempo más.
Continuará en breve.
SIGO, ADELANTE

Ana vive sola desde que se acuerda en un viejo departamento lleno de objetos que trajo de sus viajes. Su guardarropa se quedó varado en la moda folk de hace veintitantos años camisolas, pantalones amplios. No se tiñe ni se maquilla porque prefiere que la vean tal cual es. En su vida tuvo varias relaciones. Cada una se basó más en lo que ella esperaba del otro que en la realidad que vivía. Por eso ninguno resultó lo que esperaba. Con todos se equivocó y terminó sola y desilusionada de sí misma por haber interpretado mal lo que a la larga resultaba tan obvio. Soy una romántica que ve solo con el corazón y me siento un chiste de Mafalda.
Cansada de las citas a ciegas, de los amigos que le presentan otros amigos, decide recurrir a internet. Y se promete ser más cauta y más racional.
Entra en un perfil, lee con detenimiento lo que dice y lo cierra. Lee otro, otro, otro, cada vez más aburrida, hasta que llega al de Miguel. Le llama la atención que no haya puesto una foto.
¿Se habrá olvidado de ponerla? ¿Tendrá algún defecto de nacimiento? Prefiere que le presten más atención a las palabras que a las apariencias. Hasta puede que sea un romántico, uno de los pocos seres espirituales que quedan.
Este es el hombre que estaba esperando Sin pensarlo dos veces le escribe.
Hola Miguel: Me llamo Ana, tengo 47 años y soy artista plástica. Vivo y me expreso a través de mis pinturas. Disfruto exponer mis obras en las plazas durante los fines de semana y sentir que la gente que pasa las mira con deleite. Espero que vos también puedas apreciarlas e interpretarlas porque es la mejor forma de conocerme.
Soy una mujer activa, trabajo 10 horas por día, voy a natación, hago cursos. Me cuido mucho, especialmente mi cabello, que es lo más hermoso que tengo. Soy muy informal; disfruto del cine, sobre todo el europeo, salir a cenar con mis amigas y bailar. Me gusta viajar y rara vez cocino.
Igual que vos, quiero conocer a alguien independiente y descubrir siempre cosas nuevas.
Espero tu respuesta.-
QUE MOMENTO

Miguel conjetura cómo sería una relación con esta mujer. Es diez años menor que él, tiene pelo largo... eso le gusta. No le agrada tanto que tenga poco tiempo libre, y, además, él no sabe nada de pintura, ni siquiera le interesa; aunque no considera que eso sea importante, porque debe ser un hobby. Pasar los domingos en una plaza no lo atrae pero quizás podrían llegar a un acuerdo.
Si le gusta el cine, seguramente también aprecia ver una película en casa, mientras ella prepara una picadita.
Del fútbol no dice nada; aunque, siempre y cuando no quiera salir cuando juega River, no cree que haya problemas. Le gusta viajar como a él. No debe ir muy seguido a cenar con las amigas porque no tiene mucho tiempo y además si tiene una relación con alguien, ya no va a necesitar hacerlo. ¿Qué habrá querido decir con ir a bailar? Espera que se refiera a las fiestas, a menos que sea en un casamiento, y sólo por obligación, no lo mueven de la silla. De todas maneras, son tan pocas las invitaciones a ese tipo de eventos que podría hacer el sacrificio. Tampoco dice si tiene hijos; nietos no debe tener. Respecto de la cocina, eso se verá más adelante.
Con el optimismo que se desprende de un exhaustivo ejercicio de la imaginación concluye que esta es la mujer que necesita. Esa misma semana se encuentran en un bar y ambos piden Coca life.
CONTINUARÁ
